La estatua de una Virgen extranjera reina en la aldea desde su altar en la iglesia blanca. Una mujer india, clavadita a la Virgen, tiene el cuerpo lleno de pájaros y una tea entre las piernas. Un niño cruel regresa convertido en un hombre cruel. Un hombre hueco, un gallina, se convierte en su protector, tal vez por miedo, o puede que por amor. Los campesinos van por la calle como pollos sin cabeza, ebrios, enamorados de la estatua. Sus mujeres, sus madres y sus hijas los enfrentan con desprecio.
Esto es Xibalbá, el inframundo maya, que en los años setenta se materializó en la forma de una pequeña aldea al pie de un volcán. La violencia ha desgarrado el territorio, ha destruido la identidad de la gente, que ahora se observa sin comprenderse en los fragmentos del espejo mítico de sus ancestros. ¿Qué ha sido del PopolVuh?

























